Evitemos el amoroso “déjame hacerlo por ti”

¿Cuáles son las consecuencias psicológicas de recibir ayuda directa e indirecta en la infancia? Se realizaron tres experimentos preregistrados (N = 619, 7–9 años, 80% neerlandeses, 51% niñas, 49% niños, en su mayoría de estatus socioeconómico alto) en los Países Bajos (julio de 2020–julio de 2022). Los niños recibieron ayuda directa (respuesta correcta), ayuda indirecta (pista) o ninguna ayuda. Un metaanálisis interno mostró que los niños que recibieron ayuda se sentían menos competentes, disfrutaban menos de la tarea y sentían mayor necesidad de ayuda. Los niños que recibieron ayuda también buscaron menos desafíos. Los tamaños del efecto fueron modestos. La ayuda directa e indirecta tuvo efectos en gran medida similares, excepto que los niños mostraron mayor rechazo y errónea percepción de recibir ayuda directa. Por lo tanto, a pesar de ser bienintencionada, la ayuda directa e indirecta puede ser desalentadora.

Compartimos con ustedes un artículo publicado originalmente en la página de Montessori  Research Threads: Consecuencias psicológicas de recibir ayuda directa e indirecta en la infancia

El estudio de Sierksma y Brummelman (2025) analiza un momento muy común en la infancia:

  • Un niño está realizando una tarea; tiene dificultades y un adulto interviene para ayudarlo, a veces dándole la respuesta, otras veces, una pista. Los investigadores plantearon una pregunta sencilla pero importante: ¿Cómo influye realmente en los niños el hecho de recibir ayuda en sus sentimientos, pensamientos y comportamientos?

En tres experimentos cuidadosamente diseñados con más de 600 niños de entre 7 y 9 años, los autores descubrieron algo sorprendente e incómodo: la ayuda no solicitada a menudo resulta contraproducente.

Cuando los niños recibían ayuda sin haberla pedido, tendían a sentirse menos competentes, disfrutaban menos de la tarea, se sentían más dependientes y, posteriormente,  buscaban menos retos. Esto ocurría tanto si la ayuda era directa (por ejemplo, dar la respuesta) como indirecta (por ejemplo, dar una pista). En otras palabras, incluso la ayuda bienintencionada a veces transmite, sin querer, el mensaje de que no puedes hacerlo solo.

Es importante destacar que los efectos negativos no fueron significativos, pero sí consistentes, apareciendo en diferentes tareas, contextos y estudios. Esto es relevante, ya que estos pequeños efectos pueden acumularse con el tiempo, especialmente en aulas u hogares donde los adultos intervienen con frecuencia.

Para comprender por qué esta ayuda tiene este efecto, los autores recurren a dos importantes teorías psicológicas. En primer lugar, la teoría de la autodeterminación sugiere que los niños están más motivados cuando se satisfacen tres necesidades básicas:

    1. competencia («Puedo hacerlo»),
    2. autonomía («Tengo el control»)
    3. relación («Me apoyan, no me juzgan»).

Cuando no se solicita ayuda, incluso las sugerencias más sutiles pueden socavar la competencia y la autonomía al mismo tiempo.  

En segundo lugar, la teoría de la atribución explica que los niños se preguntan naturalmente por qué alguien les ayudó. Si reciben ayuda sin haberla pedido, pueden inferir que la recibieron porque no eran buenos en esa tarea. Con el tiempo, esto puede influir en cómo perciben sus propias habilidades.

¿Qué hay de las pistas frente a las respuestas? Muchos padres y maestros dan por sentado que dar pistas siempre es mejor que dar respuestas. Este estudio cuestiona esa suposición. Si bien a los niños les disgustaba más la ayuda directa y eran más propensos a negar haberla recibido, ambos tipos de ayuda tuvieron efectos muy similares en la confianza y la motivación. El simple hecho de recibir ayuda sin haberla pedido parecía importar más que la forma de ayuda.

Los resultados no implican que los adultos nunca deban ayudar a los niños. La ayuda es claramente beneficiosa cuando los niños la piden; los adultos les brindan el apoyo necesario para que mantengan vivo el esfuerzo y la ayuda fomenta el pensamiento en lugar de sustituirlo. Sin embargo, el estudio sugiere que debemos ser cautelosos al intervenir demasiado pronto. Los niños aprenden no solo del éxito, sino también de la lucha, del esfuerzo y de resolver las cosas por sí mismos.

Esta investigación respalda enfoques educativos que valoran:

  • Dedicar tiempo a la resolución independiente de problemas.
  • Respetar la autonomía de los niños
  • Ofrecer ayuda como una invitación, no como una interrupción.

Aquí es donde la pedagogía Montessori resulta sorprendentemente familiar. Maria Montessori basó su enfoque educativo en la idea de que los niños se desarrollan mejor cuando se les permite actuar de forma independiente en un entorno cuidadosamente preparado. Los materiales están diseñados para autocorregirse. Las tareas se dividen en pasos manejables. Se anima a los niños a repetir las actividades hasta que el dominio surja de forma natural. El papel del adulto no es intervenir constantemente, sino observar, preparar y brindar apoyo con atención cuando sea necesario. En las aulas Montessori, la ayuda se pospone hasta que el niño realmente la necesita, y los errores son oportunidades de aprendizaje, no de corrección inmediata. La confianza crece a través del éxito autodirigido repetido.

En una época en la que la educación suele sentirse apresurada, centrada en los resultados y dirigida por los adultos, esta investigación nos recuerda que el aprendizaje es un proceso de desarrollo, no un desempeño. A veces, lo más valioso que un adulto puede hacer es detenerse y dejar que el niño lo intente.

Puedes consultar el estudio en: https://academic.oup.com/chidev/article/96/5/1660/8341638?login=false
Louise Livingston, Comité de Investigación Global de AMI