Su historia en cinco capítulos. A 156 años del natalicio de María Montessori.

Hoy compartimos esta historia especialmente para los niños.  ¿Qué mejor forma de celebrar un inicio de ciclo escolar que recordar el natalicio de la Dra.Montessori? Celebramos 156 años de su nacimiento, hoy lunes, pero en 1870, el 31 de agosto fue miércoles, y ese día nació una niña extraordinaria. Les vamos a contar una historia llamada:

“Cinco voces para María”

maria montessoriLos primeros años de una niña genial.

Todo empezó un hermoso miércoles 31 de agosto de 1870, en un país hermoso llamado Italia, en la pequeña ciudad de Chiaravalle. Gracias al amor de sus padres, Renilde y Alessandro, desde que era una niña muy pequeña, María demostró tener un corazón enorme, una mente súper curiosa y un carácter muy fuerte.

Su mamá, Renilde, sabía cómo educarla con sabiduría. Cuentan que un día, María tenía muchísima hambre y se mostraba muy desesperada porque la comida aún no estaba lista. En lugar de enojarse, su mamá la miró con calma y le dijo: “Está bien, la comida no está lista todavía, pero aquí tienes este pedazo de pan duro si quieres”. María aceptó el reto, y esa lección de paciencia la acompañó siempre. Además, tenía una empatía enorme: cuando llegaba el frío invierno, María se ponía a tejer guantes con sus propias manos para que las personas más pobres del barrio tuvieran abrigo y no pasaran frío. ¡Así era María: decidida, generosa y llena de amor por los demás!

La fuerza de estudiar contracorriente.

María tuvo que enfrentar grandes retos al crecer. Cuando María se hizo joven, descubrió su gran vocación: ¡quería ser médico para curar a las personas! Pero en aquella época, las leyes y las costumbres establecían que solo los hombres podían ser doctores. María buscó y buscó en varias universidades, pero todas le cerraban las puertas. Esto causó una gran confrontación en su casa; su padre, que era un militar, muy tradicional, se enojó mucho y no quería que estudiara medicina;  quería que fuera maestra, pues en ese tiempo era la única profesión aceptable para las mujeres. Afortunadamente, su mamá la apoyó en secreto y la impulsó a no rendirse.

Finalmente, fue aceptada en una de las universidades más prestigiosas, pero el reto apenas comenzaba: ¡era la única mujer en toda la escuela de medicina! Tenía que estudiar sola, de noche, porque no la dejaban entrar a las salas con los hombres; su esfuerzo valió la pena y se convirtió en la primera doctora de toda Italia. En sus primeros trabajos, la mandaron a un hospital psiquiátrico para cuidar a niños que todos daban por perdidos. María, en lugar de abandonarlos, empezó a investigarlos con amor. Se dio cuenta de que no estaban enfermos, sino que necesitaban tocar cosas, jugar y aprender a su propio ritmo. ¡Ahí nacieron sus primeras grandes ideas!

El dolor y el nacimiento de un gran sueño.

La siguiente parte de su vida está marcada por la tristeza, pero también por mucha luz. María tuvo un hijo hermoso llamado Mario. En aquellos tiempos, debido a decisiones difíciles que involucraban a la familia del padre de Mario, el niño tuvo que irse a vivir al campo, muy lejos de María. Esto causó a la doctora un dolor inmenso en el corazón.

Para sanar su tristeza, María se refugió en el trabajo y aceptó una invitación muy especial: ir a trabajar con los niños de San Lorenzo, un barrio muy pobre y peligroso de la ciudad de Roma. Los niños de ese barrio no tenían juguetes, pasaban el día en la calle y estaban muy descuidados. Fue allí donde María abrió una escuela muy especial llamada “Casa de los Niños”.

Diseñó mesas y sillas pequeñas a su medida y les enseñó a valerse por sí mismos. Los niños del barrio se transformaron en pequeños seres educados, felices y brillantes. Y la vida le devolvió su sonrisa a María, porque unos años después, pudo reencontrarse con su hijo Mario, quien ya no se separó de ella y se convirtió en su gran compañero de aventuras.

Volando entre tormentas por la paz.

Las ideas de María cruzaron fronteras en tiempos difíciles. La “Casa de los Niños” era tan fantástica que cobró fama en muchos países, y maestros de todo el mundo querían aprender de ella. Pero de pronto, el mundo se oscureció con la llegada de la Segunda Guerra Mundial.

Las escuelas de María fueron cerradas por gobernantes que no querían niños libres ni pensantes. María y su hijo Mario tuvieron que huir y viajaron a la India como refugiados, donde pasaron varios años. Lejos de rendirse en el encierro, María dedicó ese tiempo a crear algo maravilloso: la Educación para la Paz. Ella decía que si enseñábamos a los niños a amarse y respetarse desde pequeños, las guerras desaparecerían para siempre.

Cuando la terrible guerra por fin terminó, María regresó a Europa y levantó la voz ante los presidentes del mundo en la ONU, declarando los Derechos del “Ciudadano Olvidado”, recordándole a la humanidad que los niños son los ciudadanos más importantes y que merecen ser escuchados y respetados.

Un legado para todo el mundo.

El sueño de María se hizo realidad. María viajó a América, donde miles de personas la recibieron como a una heroína.  Fundó escuelas en todo el mundo y capacitó a muchos maestros y maestras que se convirtieron en Guías Montessori. Para que sus ideas nunca se borraran, fundó la AMI (Asociación Montessori Internacional) y escribió libros maravillosos que hoy en día siguen leyendo los guías del mundo.

Por su gran labor de ayuda a la humanidad, recibió varios reconocimientos internacionales y fue nominada tres veces al Premio Nobel de la Paz. Cuando llegó el momento de despedirse del mundo en 1952, María Montessori no pidió monumentos ni estatuas. Nos dejó un último mensaje impreso en su tumba, una petición directa a todos los niños del planeta: “Les pido a ustedes, queridos niños, que son tan poderosos, que se unan a mí para construir la paz en los hombres y en el mundo”.

Y hoy, cada vez que un niño aprende trabajando libremente en su escuela con los hermosos materiales  Montessori, el espíritu de la Dra. Montessori sigue vivo.