En varios escritos y conferencias, Montessori se refiere al “niño que aún no ha llegado a ese punto”. ¿Qué creemos que quiso decir con esta frase? ¿A qué niño se refería? ¿Podría aplicarse también a adultos o maestros que se inician en el método Montessori?
Compartimos la traducción de un artículo escrito por Judi Orion, instructora de AMI para niños de 3 a 6 años y directora de capacitación de AMI.
Sabemos que, para que la verdadera naturaleza de un niño evolucione y se haga evidente, es necesario que se den algunos requisitos durante el proceso.
- Necesita desenvolverse en un entorno que apoye plenamente sus necesidades de desarrollo en los aspectos, llamémoslos, físicos, emocionales, intelectuales, sociales, etc.
- Debe tener la libertad (dentro de ciertos límites sociales) de seguir su interés al elegir una actividad.
- Es necesario que haya largos periodos de tiempo en los que el niño pueda trabajar con los materiales elegidos, sin ningún tipo de interrupciones, incluyendo que un adulto diga: “Estás haciendo un gran trabajo”; “Qué maravilloso que estés trabajando con ese material otra vez”; “Debes estar disfrutando mucho de este material”.
Cuando se permite que este ciclo se desarrolle, el niño adquiere concentración, la cual se manifiesta posteriormente en el uso de otros materiales. Es entonces cuando comenzamos a observar indicios de que el niño presenta las características propias de un desarrollo individual y único. Montessori se refería a este estado como un estado de normalización, es decir, que corresponde a las leyes de la naturaleza. Un niño normalizado se define, en términos Montessori, como aquel que sigue el camino del desarrollo saludable, por ejemplo, de acuerdo con las leyes de la naturaleza. (Actualmente, este término se utiliza con mayor frecuencia al referirse a bases de datos).
Lo que se desarrolló fueron características que Montessori observó con el tiempo y a las que empezó a referirse como las características normales de la infancia. Características como la calma, el amor por el trabajo, la concentración, la capacidad de tomar decisiones espontáneas, el amor por el orden, la independencia, la sociabilidad, la cooperación, el amor por el silencio, la reflexión, el apego a la realidad, el amor por la naturaleza, la sublimación del instinto posesivo típico de los niños de dos años y una voluntad desarrollada, pero sobre todo, la ALEGRÍA.
Estas son las características que Montessori comenzó a observar en los niños de las primeras Casas de los Niños. Si bien estas características observadas no eran ni son las que se presumen en los niños, aún se manifiestan hoy en día en los niños que viven en un espacio que ofrece los prerrequisitos mencionados. Cuando vemos a un niño con comportamientos inadecuados o socialmente inaceptables, en el fondo debemos reconocer al niño que aún no ha alcanzado su pleno desarrollo y confiar en que, si creamos un entorno propicio, el niño se convertirá en un niño “normalizado“.
Esta capacidad de “ver al niño verdadero” proviene del entrenamiento para ser un observador perspicaz. Este entrenamiento comienza con un curso de formación de maestros Montessori, pero eso es solo el principio. Ser un observador científico requiere práctica, conciencia de uno mismo, de los demás y del entorno, y la voluntad de seguir practicando la habilidad de observar hasta que se convierta en un hábito. Cuando la observación es habitual, el adulto no interviene demasiado pronto, confía en que el niño o los niños resuelvan sus dificultades, los anima solo cuando es necesario y es consciente de cuándo no se necesita ningún estímulo. Montessori solía afirmar que el verdadero indicador de un adulto/maestro eficaz y exitoso es cuando se da cuenta de que, en la mayoría de los casos, ya no es necesario; confía en que los niños son capaces de continuar con su desarrollo, apoyándose mutuamente cuando sea necesario. La frase “aún no lo han logrado” se aplica a los adultos al inicio de su práctica. Sabemos que los adultos, con el apoyo necesario mientras perfeccionan la habilidad de la observación científica, pueden evolucionar para “ver al niño que aún no lo ha logrado” a medida que avanzan en su propio camino para convertirse en adultos observadores.
Si tus hijos están en la etapa de transición de nivel, te invitamos a conocer cómo trabajan los niños en el futuro Ambiente Montessori de tus hijos. La experiencia te sorprenderá positivamente.
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