Si para María Montessori la Educación para la Paz era uno de los grandes propósitos de la educación, para Gabriela Ortega era importante que ese ideal tuviera también un lugar dentro de nuestra escuela; un espacio emblemático que nos recordara que la paz no solamente se enseña, sino que se construye y se vive todos los días.
Así nació la idea de nuestro Kiosco de la Paz.
En 2005 comenzó la construcción de este espacio, pensado para convertirse en un lugar de encuentro y, simbólicamente, en un sitio que pudiera cobijar a nuestros niños bajo el manto de la paz.
Cuando el kiosco estaba todavía a medio construir, el papá de uno de nuestros alumnos, Nicolás, se acercó a Gaby con una propuesta que parecía hecha a la medida de aquel lugar que comenzaba a tomar forma.
En septiembre de aquel año se celebrarían en Nueva York las actividades conmemorativas del Día Internacional de la Paz en las Naciones Unidas. Entre los participantes estaría la Dra. Shirin Ebadi, abogada, escritora y defensora de los derechos humanos, quien había recibido el Premio Nobel de la Paz en 2003 por sus esfuerzos en favor de la democracia y los derechos humanos, especialmente de las mujeres y los niños en Irán.
También estaría presente el papá de Nicolás, Dr. Othón Pérez Fernández del Castillo, destacado jurista, notario y académico mexicano, reconocido por su trabajo en la promoción de la mediación y de los Métodos Alternativos de Solución de Controversias, herramientas vinculadas con la construcción de una cultura de paz.
Y así, una idea llevó a otra.
Una hermosa tarde de septiembre de 2005, la Comunidad de Montessori Cancún se reunió para recibir a la Dra. Shirin Ebadi y al Dr. Othón Pérez Fernández del Castillo y para inaugurar nuestro Kiosco de la Paz.
La fecha no podía ser más significativa.
Aquel espacio nació para recordarnos que la paz comienza en lo cotidiano: en la manera en que escuchamos al otro, en la posibilidad de resolver nuestras diferencias mediante el diálogo, en el respeto y, sobre todo, en la forma en que acompañamos a nuestros niños para convertirse en seres humanos capaces de construir un mundo más justo y armonioso.
Desde entonces, el Kiosco de la Paz ha sido escenario de innumerables encuentros, celebraciones, presentaciones, conversaciones y momentos de alegría.
Ha visto crecer generaciones de niños.
Ha escuchado canciones, palabras, risas y silencios.
Ha sido testigo de despedidas y bienvenidas, de encuentros entre familias y de tantos momentos que hoy forman parte de la memoria de nuestro Colegio.
Pero la historia de este kiosco no terminó en Montessori Cancún.
Con el paso de los años, aquella idea inspiró la creación de los kioscos de Montessori Playa del Carmen y Montessori Otoch Paal, llevando consigo la misma intención: crear un espacio que fuera punto de encuentro y que hiciera visible uno de los grandes pilares de la filosofía Montessori.
Y quizá ese sea uno de los regalos más hermosos que puede dejar una idea: cuando encuentra un lugar donde echar raíces, comienza a crecer más allá de donde fue sembrada.
Hoy, después de más de dos décadas, nuestro Kiosco de la Paz sigue ahí.
Cobijando a nuestros niños.
Acompañando nuestras celebraciones.
Guardando recuerdos.
Y recordándonos, una y otra vez, que la paz también se educa, se cultiva y se construye juntos.
Porque algunas historias no solamente forman parte de la historia de un colegio.
Se convierten en parte de su identidad.
Tita Llerandi para
Montessori de Cancún