A propósito del trabajo que los niños han venido realizando durante estos días para celebrar el Día Internacional de la Paz, dándole un sentido práctico en sus relaciones, compartimos con ustedes este texto tomado de la Colección Montessori para padres de familia "Paternidad del Nuevo Mundo", escrito por Jennifer Rogers, Guía Montessori AMI con más de 25 años de experiencia con niños desde Casa de Niños hasta adolescentes. Seguramente lo encontrarán muy interesante las ideas que comparte en esta reflexión.

CRIANDO NIÑOS GENEROSOSpalomas paz 30 años

Criar a los hijos para que lleven a cabo su vida de acuerdo a una norma moral o ética nunca ha sido fácil. Aun hoy en día, tanto padres como maestros, incluyendo aquellos que disfrutan de las delicias del contacto con los niños, se preguntan si falta algo en el trabajo con la infancia porque queda siempre la desorientadora sospecha de que las labores diarias son más difíciles que en os tiempos de nuestros abuelos.

La mayoría de los niños llegan al primer día de clases con interés y curiosidad. La inteligencia de los niños y la fuerza de la mente absorbente ciertamente no han disminuido desde los tiempos en que María Montessori llevó a cabo sus primeras observaciones. Los niños todavía se adaptan al ambiente que los rodea; todavía notamos que los niños pasan por fases relativamente predecibles en su desarrollo.

Rasgos como la empatía y la generosidad son, sin embargo, cada vez más raros. En nuestra cultura cada vez más caracterizada por la independencia, el logro y la competencia con miras a ganar siempre, con frecuencia nos viene la duda si esas características (empatía y generosidad) están pasadas de moda, o peor aún, si se han convertido en algo dañino. ¿Cómo puede un niño que con el tiempo debe competir con sus compañeros también actuar con compasión?

María Montessori logró su primer éxito trabajando con niños que no se habían encontrado con la televisión, los juegos de video ni los medios de comunicación comerciales. Algunos eran deficientes mentales, la mayoría vivía en la pobreza y todos estaban tristemente descuidados y luchaban para sobrevivir en ambientes peligrosos. El contraste entre los primeros alumnos de Montessori y los que encontramos hoy son evidentes. Las similitudes son sutiles, pero penetrante y profundamente desalentadoras.

La nuestra es una pobreza generada por la riqueza. La mayoría de los niños en las aulas Montessori disfrutan de los privilegios de la atención sanitaria moderna y una vivienda adecuada. Sus mentes absorbentes están seriamente comprometidas por los entornos virtuales ofrecidas por las fuentes de los medios de comunicación contemporáneos. Aunque los edificios y casas en los que habitan son generalmente más limpios y más seguros, la vida espiritual, fisiológica e intelectual hoy en día está siendo tan amenazada o más de cuanto lo fue en los inicios Montessori (durante la II Guerra Mundial).

Así como los primeros estudiantes de la Casa de los Niños, muchos de nuestros niños llegan a los ambientes Montessori físicamente y espiritualmente débiles. Un niño que nunca ha levantado nada más pesado que un control de televisión, no puede sostener un lápiz. Los niños cuya principal relación es la televisión, nunca han experimentado la empatía. Los niños rodeados de entretenimiento electrónico, nunca podrán presenciar la caridad. Ni el crecimiento físico ni el espiritual puede ser experiencias virtuales.

 

La amistad y la empatía


"El niño es un embrión espiritual que necesita de su propio ambiente especial. De la mima forma en la que el embrión físico necesita el vientre de su madre, en el que crecer rodeado de todo lo necesario, el embrión espiritual necesita ser protegido por un entorno externo que sea cálido, con amor y rico en nutrientes, donde todo esté dispuesto para darle la bienvenida y nada para perjudicarlo." (El secreto de la infancia).

Cuando un niño entra en una comunidad Montessori, muy probablemente será recibido en la puerta con el apretón de mano cálida y acogedora y la sonrisa de su maestro. Muchos profesores consideran que este es uno de los actos más importantes del día. Nos miramos a los ojos, llamamos a los niños por su nombre, compartimos expresiones de alegría, escuchamos noticias de casa y nos aseguramos de que todos los niños comienzan su día con la sensación de que son miembros importantes de su comunidad.

Muchos maestros Montessori ayudan a los niños más pequeños formulándoles una sencilla pregunta: "¿Cómo puedes ayudar a tu comunidad?" O "¿Sientes que alguien necesita de tu ayuda esta mañana?". Un niño menor de dos años de edad puede descubrir que una planta necesita ser regada, un estante que debe sacudirse, o un amigo que necesita ayuda con una cremallera o botones. Ha comenzado su día observando el entorno en busca de las necesidades que pudieran existir en su comunidad, en el supuesto de que hay muchas maneras en las que él puede ayudar. En el libro El altruismo y la empatía en la vida cotidiana, el psicólogo Alfie Kohn escribe que los ambientes que promueven un entorno ético y cuidadoso, están fomentando una auto imagen pro social. "Todos aprendemos más en la interacción personal, que escuchando o recibiendo lecciones de un maestro, es más una cuestión de sentido común”.
A partir de sus observaciones y el desarrollo de la actividad, el niño absorbe el orden, la belleza y el amor invertido en su medio ambiente.

"El niño encarna el medio ambiente en los hallazgos que hace en torno a sí mismo" (La formación del hombre). Los niños pequeños son mucho menos propensos a recibir inspiración de las palabras de su maestro en comparación con lo que proviene del trabajo concentrado utilizando las manos en actividades propuestas en un ambiente creado especialmente para satisfacer sus necesidades, en el que pueda tener una interacción directa con otros. "El niño debe hacer frente a la orden superior del espíritu a través de cosas concretas". (Educación y Paz)

Los niños en ambientes Montessori se conectan rápidamente con el trabajo concreto de sus manos a sus manos, en una relación directa con sus compañeros. "Cuando el trabajo se inicia en un determinado medio ambiente, la asociación con nuestros semejantes también comienza, pues nadie puede trabajar solo". (Educación y Paz). A través de las actividades diarias realizadas en sus comunidades, los niños comienzan a formar y fortalecer tanto su inteligencia como sus primeras amistades.

A través de sus desacuerdos y frustraciones, los niños aprenden a pensar con empatía y a entender que las relaciones son recíprocas. Los maestros Montessori hacen preguntas sencillas pero muy valiosas, como por ejemplo: "¿Cuál es el problema?" O "¿Qué pasó?", pero además hacen énfasis en la reflexión: "¿Cómo te hace sentir eso?", y lo más importante: "¿Cómo crees que tu amigo se siente en este momento?"

A medida que los niños trabajan juntos para mantener la belleza y el orden, aprenden a considerar las limitaciones y los sentimientos de los demás. Mientras que ellos a menudo necesitan y agradecen el apoyo suave del adulto, no esperan que la alabanza o recompensa por su trabajo pueda llegar de sus compañeros, lo que hace que nazca un placer particular en su experiencia compartida. Ellos entienden que ellos son importantes y que las contribuciones de todas las personas son valiosas. Al actuar con otros para el mejoramiento de sus entornos compartidos, cada niño construye su confianza, se deleita en la amistad y descubre la alegría de dar sin esperar recompensa. "Lo que creemos que es verdad sobre nosotros mismos y los demás, afecta la forma en la que nos comportamos, que a su vez, afecta a nuestras suposiciones acerca de la naturaleza humana". (Alife Kohn, El lado más brillante de la naturaleza humana; el altruismo y la empatía en la vida cotidiana)

 

Comunidad y Generosidad

"El objetivo de tal educación, indica el deseo de contribuir al bien de todos para compartir en esta bondad cósmica y para ofrecer a Dios el servicio obediente que nos une con él, en la obra de su creación". (Educación y Paz)

La generosidad es, finalmente, una consecuencia de las personas inteligentes que se convierten en niños. En las mejores circunstancias, donde el trabajo de la casa y de la comunidad escolar de un niño se realiza en estrecha colaboración, la generosidad se convierte en una perspectiva ética inconsciente. No es un conjunto de principios dictados, sino un producto de la vida de un niño simple, tal y como la experimenta, una actitud que absorbe del trabajo en una comunidad que se transforma en su amada familia, sus amigos.

Un niño de seis años de edad en la comunidad de primaria Montessori, se da cuenta de que un niño más pequeño está luchando por limpiar un caballete y, sin preguntar, dejar su trabajo para ayudar. Sus movimientos son cautos y tranquilos, sus palabras sencillas y alentadoras. Cuando termina la tarea que se ha fijado para sí mismo, el caballete está limpio, Es fácil imaginar que el niño se deleitaba en la interacción. Él no pide ni necesita agradecimiento o alabanza, pero su gran placer se muestra claro en su expresión. Vuelve a su propio trabajo en concentración con la alegría y la confianza de que es capaz de identificar y satisfacer las necesidades de otro.

Una mañana de esta primavera observé a un grupo de niños que se reunían para salir al aire libre y disfrutar de un día glorioso. Uno de los niños quedó rezagado pues estaba realizando un trabajo en su mesa. El desaliento obviaba en su rostro. Al darse cuenta de la frustración de su amigo, un niño se alejó del grupo y se ofreció a ayudarlo. Vi como estos dos niños pequeños se sentaron juntos en una mesa y empezaron a hablar con seriedad. Juntos trabajaron para terminar de leer las palabras que se habían convertido en un obstáculo para el más pequeño, tan absortos estaban en sus esfuerzos, que no se dieron cuenta cuando sus compañeros procedieron con el paseo al aire libre.

La generosidad en una comunidad Montessori no suele ser un atributo de un niño o en otro, sino en la conexión que existe entre los niños. Ellos experimentan cómo la alegría de la amistad y la belleza de la comunidad florecen al actuar con empatía, a menudo sin pensar en ninguno de ellos ni en sus compañeros, sino en la importancia primordial de la amistad. Ellos actúan con generosidad ya que se deleitan en la oportunidad de dar algo de sí mismos a la comunidad que los sigue inspirando.

 

 

P … A … Z …

Pretenciosa posibilidad.
Puntual palabra, precisa pronunciar para pueblos.

Ancestral atardecer, atento al acento, al aire anhelado.


¡Paz!


Piensa por poco,
pensamiento pulcro,
pequeños pupilos participan protegiendo.

Alegres, alertas, amables ante afables amigos.


¡Paz!


Perfumada poesía,
plácida práctica para permitir prevalecer.

Antes,
alarga alas ansiosas al aire,
ante alegre albricia, anuncia:


¡Paz!


¡Permítete amar!

¡Percibe amores!

¡Proclama armonioso!


¡Paz!

 

Pretenciosa palabra… Anhelo que invade en la zozobra.

Todos la imploramos y sin embargo, todos la rechazamos y en algún momento de nuestras vidas, no solo la ignoramos sino que humillamos nuestra esencia ante el egoísmo de nuestros caprichos.  ¿Son fuertes estas afirmaciones?  Tal vez... Sin embargo, escucharlas nos hará tener un momento de reflexión para poder poner un alto si es que en algún momento sentimos la ausencia de la sutil presencia de la Paz en nuestras vidas.

palomas paz 30 añosLa humanidad aclama siempre a quienes de una u otra forma manifiestan el deseo transformándolo en acciones que trascienden.  María Montessori vivió tiempos difíciles y uno de sus más profundos deseos era que los niños pudieran crecer en un ambiente que les permitiera desarrollarse libres de egoísmos, de caprichos, de prepotencias creadas por quienes buscan sobresalir a través del poder.

Desde hace 30 años Montessori de Cancún abre sus puertas con el firme propósito de procurar espacios que promuevan un ambiente armonioso, en el que la esencia de cada uno de los niños, pueda manifestarse. Al entrar a los ambientes, se percibe la suave caricia del murmullo armonioso con el que los niños manifiestan su constante creatividad. Durante los tiempos de recreo, los niños explotan compartiendo la generosa energía que los impulsa a hacer. Es una auto-construcción constante de seres humanos en ambientes pacíficos.

Las mesas de la paz son, en cada ambiente, rincones que, si bien se visitan con mucha frecuencia, van trazando surcos profundos que marcarán la personalidad de los niños: se crean seres reflexivos, que escuchan las razones del otro, que saben manifestar las propias y que pueden llegar a acuerdos tolerando las diferencias y proponiendo puntos de encuentro.

Celebrar 30 años de Educación por la Paz en Cancún, es celebrar la vida, es compartir la esencia del pensamiento Montessoriano desde la raíz. Abramos nuestros corazones y continuemos en nuestro diario vivir haciendo de la Paz nuestro modo de vida. Que Montessori sea más que el nombre del colegio de los niños, que sea una filosofía de vida que se note en nuestro diario actuar como comunidad.

Vivamos transmitiendo Paz. Vivamos la Paz.

 

"... a veces hay tanta gracia y facilidad, y a veces menos. De cualquier manera, no debería haber drama. Me atrevería a decir que una vez que hemos dicho adiós, debemos volvernos y continuar nuestro camino. Pero, porque nos gusta ver, nos encanta saber lo que están haciendo, lo que eligen, lo que saben, cómo están, este sentimiento no desaparece y volteamos y permanecemos en la puerta."

 

EL AMOR MÁS GRANDE
SEPARARSE Y DEJAR IR

ML SHANNON HELFRICH

Traducción del original en inglés "The greatest love"
de la colección Montessori "Parenting of a New World"

Tita Llerandi

Comenzar un nuevo año escolar es siempre un evento complejo para todas las familias y Montessori no es la excepción. Enfrentarse al ritmo de las rutinas diarias, para adaptarse a una serie de nuevos conceptos, nuevas relaciones, los horarios y las expectativas, puede ser un giro dramático para toda la familia. Seguramente para la mayoría de las familias está, a la cabeza de la lista la separación de los hijos. Durante la "Semana de Orientación" para los nuevos padres, por lo general presento el concepto del secreto de la infancia de Montessori. Sin duda, podríamos comenzar por admitir este principio: el trabajo del niño es la tarea de auto-construcción; es un proceso que requiere una cierta intimidad y distancia de la que deben estar conscientes sus padres.

En sus escritos sobre el secreto de la infancia, Montessori transforma el sentido de la tan celebrada palabra “secreto”, algo que puede ser disimulado o encubierto y que se manifiesta como un valioso componente del desarrollo humano. Quienes hemos elegido el enfoque Montessori a la educación, entendemos la importancia de la independencia y la autonomía del niño.

Es simple: un niño no puede ser autónomo si no es apoyado por ese proceso "secreto". Es decir, lo que ocurre fuera de nosotros. Y eso requiere dejarlo ir.
Sucede en nuestra escuela todos los días. La despedida en la puerta se da en cientos de formas. A veces hay tanta gracia y facilidad, y a veces menos. De cualquier manera, no debería haber drama. Me atrevería a decir que una vez que hemos dicho adiós, debemos volvernos y continuar nuestro camino. Pero, porque nos gusta ver, nos encanta saber lo que están haciendo, lo que eligen, lo que saben, cómo están, este sentimiento no desaparece y volteamos y permanecemos en la puerta.

Viví una experiencia similar en un partido de fútbol el pasado otoño. Allí, en las gradas, el nuevo lente de mi cámara de 400 milímetros me daba la oportunidad de seguir los movimientos ágiles del equipo de alto rendimiento de nuestra escuela secundaria en el campo. A través del dispositivo de poderoso aumento apenas perdí un movimiento.

Y entonces vinieron a mi mente ecos de los discursos que doy a los padres a lo largo de la semana de orientación en la escuela. “Ellos los van a abandonar. Deben hacerlo”. Y me eché a reír. Es una simple pero fuerte necesidad la que sentimos de dar un vistazo más a través de la puerta, desear entrar al aula, observar a nuestros hijos a medida que crecen y todo esto se vuelve cada vez más complejo. La metáfora es perfecta: ¿Qué haces cada vez que notas que mientras más crecen, más lejos se van? Fácil, ¡te consigues un lente más grande y más potente!

¡O tal vez no! Y ahí está el arte de la crianza de los hijos. Para saber cuándo hay que cerrar el lente y dejar pasar el momento. Cuándo pedir directamente, cuándo mimar o intervenir y cuándo guardar silencio, o simplemente dar un paso atrás y desaparecer. Para darles a nuestros hijos la gracia de realizar un mejor y más auténtico desarrollo, debemos permitirles el espacio para crecer y ese debe ser lejos de nosotros.
Hace poco escuché en la radio una historia muy inquietante sobre la violencia de pandillas adolescentes. "¿Qué podrían haber estado pensando?", preguntó un adulto, como respuesta obtuvo: “O, ¿acaso estaban pensando?” Nuestras noticias están llenas de los peligros de nuestro tiempo: los adolescentes frente a la creciente exposición a la violencia y un mar de tentaciones mundanas con recompensas de corta duración. Oramos por sabiduría para guiarlos y al mismo tiempo estamos bien conscientes de nuestras limitaciones.

adaptacion amor mas grandeTodo se reduce a esto: depende de ellos. Al igual que en un ambiente Montessori no se consigue la máxima seguridad y responsabilidad cuando se les da a los pequeños una vajilla irrompible o utensilios de juguete para la preparación de alimentos. Los niños crecen más seguros y se vuelven más competentes cuando se les dice que llevan un cántaro con agua y se puede romper, que deben ir con cuidado, ya que puede ser una cosa de peligro. Los niños son muy receptivos y en cada ocasión están creciendo y aprendiendo. Debemos estar conscientes de la importancia del papel del adulto, debemos entender que el llamado de Montessori de “seguir al niño” es una danza afinada. A medida que nuestros niños responden a sus propias directrices internas, debemos ser responsables y responderles manteniendo nuestra promesa de reunirnos con ellos en el camino. Como E. M. Standing dice, “Incansablemente, con irresistible alegría, el niño está trabajando para crear al adulto".

Se cuenta una historia acerca de un niño pequeño y su padre. Mientras el pequeño estaba en la etapa de aprender a ir al baño solo, el padre había creado un simple ritual, un gesto que le permitía un tiempo de intimidad en el baño. Después de que el niño se acomodaba en la taza, el padre salía de la habitación por un minuto o dos, y esperar detrás de la puerta. Una vez, después de cerrar suavemente la puerta, sin querer, volteó hacia abajo el interruptor de la luz en el pasillo, dejando el cuarto en completa oscuridad. Esperando fuera, se dio cuenta de lo que había hecho cuando oyó la voz suave de este niño desde el interior: "¿A dónde fui?", dijo.

Notemos que no dijo: “¡Hey! ¿Quién apagó las luces?", Sino en la honestidad inimitable del niño, miró primero a sí mismo, para ver si aún seguía en el mismo lugar.

Tomemos esta historia como símbolo para recordar la teoría Montessori. La Dra. Montessori nos enseña que la tarea más grande en los primeros seis años de vida es la construcción del yo, la auto-construcción. No tú, como yo necesito que seas, sino tú como tu mejor tú. Esta es la razón por las cual las lecciones, presentaciones y trabajo de los primeros años de la escuela Montessori están dirigidas a los niños individualmente, uno a uno. Montessori nos enseña a honrar la sagrada tarea de desarrollar el carácter de cada uno de los niños y la conciencia de sí mismo. Una tarde, dos de los estudiantes de primaria me invitaron a ir rápidamente a la sala de clase para presenciar un descubrimiento que habían hecho. Su ensoñación y entusiasmo comenzaron antes de cruzar el umbral de la puerta de la clase, entonces dijeron: "Primero estuvimos trabajando con el material de medición de volumen, y nos dimos cuenta de que el cubo de tres nos recordó al cubo de la torre rosa que solía utilizar en la enseñanza primaria. Decidimos ir a pedir prestada una torre rosa a Casa de Niños y traerla de vuelta aquí. Apilamos la torre rosa al lado del material de medición de volumen y nos pareció que era idéntico... todos, excepto el décimo, el último, el que se pone hasta arriba. Quitamos ese décimo cubo y entonces nos dimos cuenta de que son idénticos sin él. Entonces nos dimos cuenta de que es porque no se puede elevar al cube con dos dígitos. Así que, por supuesto, es por eso que el cubo diez no encajaba".

Esta historia es un ejemplo cotidiano de la educación que da el trabajo Montessori. El proceso simbólico y el proceso práctico son aspectos interdependientes de la educación para la vida. Tener un concepto en la cabeza es una cosa. Imaginarlo y a continuación ponerlo en práctica, da un empoderamiento aún mayor de lo que se ha aprendido y permite incluso una mayor autoridad. Lo que se aprende de esta manera se convierte en propiedad personal de una manera única. Es por esto en ambiente Montessori no hay ningún propósito más alto que ese descubrimiento. A medida que estos estudiantes hicieron su descubrimiento, llegaron al punto de partida. Al llegar al final de su material Montessori, se encontraron con que debían volver al inicio para validar el conjunto de su hallazgo.

Nuestros días no se viven de forma aislada. No sólo en la educación, sino en la relación con los demás, en la familia y en la vida que compartimos con nuestros compañeros y amigos. Siempre y cuando seamos fieles a los objetivos de nuestro más alto propósito, vamos a descubrir continuamente que una pieza encaja con otra, y que el principio y el final tienen siempre una relación.

Recientemente, cuando enviamos a nuestro hijo a la universidad en tren, tuve la idea de poner un centavo sobre la vía. Después de esas despedidas largas y del último abrazo dulce, continuamos despidiéndonos con la mano hasta que nos perdimos de vista. Cuando partió el tren pasando sobre la moneda, voló fuera de la vía, cayendo en la oscuridad, a pocos metros de distancia. El tren la había aplastado y convertido en una brillante hoja de papel fino de cobre. Mientras frotaba el pulgar sobre la superficie, descubrí un solo vestigio de su estado original de moneda. La mayor parte de la palabra libertad todavía permanecía intacta a través de uno de sus bordes.

A veces los mensajes que recibimos son sutiles. A veces son ineludibles. Este era un mensaje que yo necesitaba oír de nuevo: Decir adiós. Estoy diciendo adiós, estoy dejando ir y eso significa que estoy dando libertad física y psíquica.

Montessori nos llama a la tarea más difícil cuando como padres nos ordena "seguir al niño". Seguir no significa estar sobre de él, sino algo mucho más difícil de realizar. Cuando verdaderamente honramos el crecimiento de nuestros hijos, también honramos a las etapas crecientes de liberarlos como seres independientes y honorables, y finalmente, totalmente apartados de nosotros. Es un proceso de toda la vida que comienza con el misterio de la vida misma.

Al igual que ocurre en el proceso del útero en donde no podemos verlo, el crecimiento psíquico de la vida humana en ocasiones tiene su autonomía comparable. Cuando nos abstenemos de preguntar a nuestro hijo cada pensamiento que les pasa por la mente y les damos espacio para encontrar su camino; que sean ellos mismos quienes se autoevalúen. Que tengan la oportunidad de informarnos sobre las noticias del día sin que nosotros se las preguntemos, sin que demos el primer paso. En nuestra urgencia de saber, queremos preguntar y preguntar, o darnos vuelta a la esquina y espiamos la clase y tratamos de atraparlos desprevenidos. La libertad ganada realmente no tiene cuerdas. Seguir al niño significa dejarlo ir poco a poco y tener el valor de permitirle probar su mundo, centímetro a centímetro… lejos de nosotros.

 

 

 

 

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