Reflexionemos un poco acerca de lo que queremos como sociedad.  En medio de la avalancha de tristes sucesos que nublan nuestro día a día, definitivamente, para nuestros niños queremos algo mucho, mucho mejor de lo que vivimos ahora.  En ellos está la solución, pero es preciso que nosotros seamos ejemplos vivos del cambio que deseamos.

interculturalidad 1Para poder construir un proyecto educativo es de vital importancia considerar las dimensiones culturales y sociales. La integración es el objetivo, preservando la unidad en la diversidad, procurando un balance de todos y para todos, en el espacio compartido. Para lograrlo es de vital importancia incluir tres elementos clave: la identidad, la pertenencia y la interacción.

No es necesario vivir en un país con diferentes religiones o etnias sociales. Ya en un colegio como el nuestro, las diferencias de usos y costumbres pueden ser evidentes.

Definir el concepto de 'interculturalidad´ no es sencillo, como tampoco lo es la pluralidad, se da en la circunstancia de “ser más de uno”, cuando hay conciencia de relación y de pertenencia común.

Si esto no existe, no hay respeto a la pluralidad o diversidad por lo tanto nos enfrentemos como consecuencia a la violencia, que no necesariamente debe ser física o verbal: el simple hecho de marginar es ya manifestación de violencia.

interculturalidad 2

Entonces, la presencia y el auge de la “cultura de violencia” que se despliega tristemente en todos los espacios en donde hay convivencia, se alimenta de creencias y de expectativas e interpretaciones de la realidad que se vive, desde cada una de las experiencias personales y es cuando se empiezan a conjugar las amenazas de quienes suponen “diferentes” a quienes no comparten sus pensamientos o comportamientos, basados en múltiples prejuicios. Es preciso tener claro que “nosotros” no somos necesariamente buenos, y los “otros” malos –o viceversa; lo único que se puede decir al respecto es que la apertura hacia los otros y la negativa a rechazarlos sin un examen previo es, en todo ser humano, una cualidad. Esa cualidad es incluyente. Tener una posición contraria a la concordia nos sitúa en la base de las actitudes y conductas cerradas que con mucha frecuencia se desencadenan de maneras violentas generadoras de miedo.

interculturalidad 3La urgencia de llevar a cabo reflexiones con un carácter intercultural posibilita ver a los otros como otros pero como nosotros, en un escenario común, impulsando a abrir nuevos horizontes para la coexistencia pacífica.

Es importante insistir en que la existencia de la interculturalidad no genera necesariamente violencia, es fundamental una transformación de pensamiento para lograr la trascendencia de los conflictos. Esto implica siempre dialogo, aceptación de acuerdos para poder disfrutar realmente de relaciones interculturales pacíficas.

Haruki Murakami tiene una frase que viene muy bien para acompañar estas ideas: “Siempre es mejor que la gente hable cara a cara, con el corazón en la mano. De lo contrario acaban surgiendo malentendidos. Y los malentendidos, ¿Sabe?, son una fuente de infelicidad...”

interculturalidadLa Paz se obtiene a través de la educación y formación del hombre; es decir, en la etapa infantil existe una mayor sensibilidad para la educación de la paz. Cualidades como la pureza, la inocencia o la sencillez deben conducir a la humanidad por el camino de la paz, por lo que el niño educa al adulto transmitiéndole estos valores. El amor es el sentido de una educación armoniosa, un niño que ama llevará la esperanza a la humanidad y a un porvenir novedoso.

La tarea de la educación es establecer la paz. Es por eso que Montessori se ocupa de la educación constructiva para la paz consciente de que no se debe limitar a la enseñanza de las escuelas. Es una tarea que requiere esfuerzos de toda la sociedad. No se logrará nada en el mundo de los adultos, si antes no se logra en la niñez.

El niño que ha sentido un amor intenso por su entorno y por las personas con las que convive, descubre que puede realizar su trabajo con alegría y comparte sus logros con deseos de que los demás también logren sus objetivos, dejando a un lado el egoísmo de no compartir sus recursos y la soberbia de sentirse superior.

interculturalidad 4

María Montessori nos dice: “Debemos centrar toda nuestra atención en el niño, porque él es el origen de los enigmas de la humanidad y también la clave para resolverlos.”

 

Hoy, a 147 años del nacimiento de María Montessori
(¿Conoces a María Montessori?)
celebramos el legado que nos ha dejado:
una educación para la paz,
una educación para la vida,
una educación que convierte el servicio
en un gran regalo, un obsequio de amor.

 

Juan Carlos Mansur (quien estará dictando una interesante conferencia el 7 de septiembre a las 20:00 hrs. en las instalaciones del Colegio) escribe en su libro "De la Casa delos Niños a la morada del ser":  

María Montessori servir obsequio

"No pensemos en servir como estar sujeto a alguien por cualquier motivo haciendo lo que él quiere o dispone, como define la RAE, sino como obsequiar a alguien o hacer algo en su favor, beneficio o utilidad. Este es un sentido más fuerte de la expresión pues al ligar el verbo servir con el de obsequiar comprendemos que la esencia de servir es dar algo íntimo que resulta benéfico para otro, ya que ésa es la esencia del regalo: ser un símbolo en el cual esté implicada mi existencia, pero también la del otro.  De la mismamanera, la educación es un acto íntimo del yo que obsequia un saber para beneficio de un tú.  Esto es lo que encarna la finalidad de la educación entendida como servicio.

Ahora bien, ¿a qué fines sirve la educación?; ¿a la técnica?, ¿a generar riqueza?, ¿al progreso, sea éste el que sea? Considero que para Montessori estos fines no son los propios de la educación como servicio; antes bien, ella afirma que al educar estamos preparando el camino de la humanidad, por esto la educación sirve a la humanidad.  Así pues, si en un principio se anotó la pregunta de hacia dónde va la humanidad, ahora podemos decir que, según Montessori, la humanidad irá hacia donde orientemos la educación de nuestros niños, puesto que si servimos y educamos al niño estamos preparando el camino de la humanidad.  

 

MansurEl 7 de septiembre a las 20:00
tendremos el gusto de compartir con la comunidad
una conferencia dictada por el Filósofo Carlos Mansur

Tomamos estos párrafos escritos por él en Euphyía Revista de Filosofía, Volumen VII Número 12 Enero-Julio 2013, una probadita del pensamiento de nuestro próximo invitado.


… “El ritmo mantiene la vida y la actividad, es a la vez que sucesión, devenir y permanencia. De aquí la importancia y lo esencial del ritmo para la vida, pues sin un orden rítmico de los componentes de un organismo, no hay vida. Así como la variación infinita y caótica aturden, también las revoluciones cíclicas y monótonas aburren, ambas aniquilan: la primera porque las sucesiones rítmicas no dan unidad, la segunda por ser unidad pétrea, monolítica, sin variación y sin vida, por eso quizás lo que muestra ritmo nos «anima», porque la vida se expresa mediante ritmos.  

Los seres humanos vivimos compenetrados en el ritmo, vivimos bajo el cobijo de los ritmos de la naturaleza, la sucesión del día y la noche, las estaciones, la lluvia y la sequedad, el hambre y la satisfacción, el ritmo del sueño y vigilia, descanso y actividad, tristeza y alegría. Todo en la vida del hombre está puesto en ciclos y tiene un ritmo: nosotros mismos somos ritmo, las palpitaciones del corazón nos marcan lo mismo que la respiración nos acompasa un ritmo, nuestras actividades diarias se suceden en eso que nombramos el «ritmo de la vida». Nuestra existencia se despliega en una línea del tiempo fraccionada y dividida en tiempos más pequeños, distintos entre sí pues no tienen el mismo valor, los jerarquizamos y los ordenamos de acuerdo a nuestros intereses y ritmos.

ritmo vida filosofia

Así como en la música las notas largas, las breves y los silencios marcan un ritmo, así en la vida hacemos pausas, nos retardamos para dar una cadencia a la vida, y mediante pausas y prisas que marcan un ritmo, valoramos y jerarquizamos nuestra existencia. La vida se hace más plena y llena de sentido cuando encontramos los ritmos que nos animan, el ritmo del trabajo con sus pausas, el ritmo en la forma de comer, de conversar, hasta en el arte de beber un café o un té se muestra quién goza y comunica esa «espiritual armonía» que conllevan los ritmos y que es lo que los griegos llamaban también eunomía (Tatarkiewicz 1978). El saber comprender y organizar estos ritmos del diario vivir, nos libera de la rutina y nos conecta a la vida, su apreciación y deleite nos convoca a una libertad de la imaginación, al juego y la libertad, pues el ritmo tiene la capacidad de ser esa «alternancia regular para aligerar el esfuerzo» (Rasmussen 2007; 112), lo cual nos hace comprender que el perder nuestro propio ritmo atenta contra nuestro sentido de vida, y así, nos quejamos de llevar un «acelerado ritmo de vida», de no tener tiempo para nada, o de vivir aletargados en espacios y entornos donde «no pasa nada», por esto no sería descabellado que parte del arte del buen vivir esté asociado al arte de saber encontrar cada quien nuestro propio ritmo de vida.

El ritmo en las artes ejerce un poderoso influjo en nosotros, de una manera aún más fuerte que el ritmo que está en la naturaleza, pues el arte encarna el ritmo creado por el propio ser humano, el cual apreciamos, escuchamos, sentimos y nos comunica, nos invita a estar en comunión con él. Contemplar el arte es estar dispuestos a entrar en el juego y dejarnos atrapar por él para que con sus ritmos y sus imágenes nos envuelva y nos transforme, es –en este contexto–, dejarse seducir por el juego rítmico y hacerse uno con él; el canto que escuchamos, que nos pone a cantar o bailar interna o externamente, lo mismo las proyecciones de cine o las novelas que leemos, nos adentran en sus ritmos y sus secuencias. Al apreciar el arte nos dejamos atrapar y envolver por sus ritmos de una manera más intensa que frente a los ritmos de la naturaleza: «Un hombre que se mueve rítmicamente empieza el movimiento por sí mismo y siente que lo controla. Pero en seguida es el ritmo el que lo controla a él y lo posee y lo arrastra» (Rasmussen 2007; 107). Todas las artes nos mueven en cuerpo y alma, nos animan porque nos mimetizamos al arte y sus ritmos, de aquí una de las razones del poder del arte, pues sus ritmos nos estimulan, nos alteran el ánimo, nos pueden animar o desanimar, ya que evocan y generan sentimientos, suscitan actitudes. No en vano el propio Aristóteles asociaba el ritmo y la melodía con la conformación del carácter en la Política (1340a). Y es que el ritmo nos aquieta, motivando el descanso, pero también nos incita a movimientos violentos o, en otras ocasiones, alegres..."

 

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